Amad al prójimo como yo os he amado

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lunes, 1 de junio de 2015

Oussa, el polizón del puerto que nunca cogerá el ferry

Oussa, el polizón del puerto que nunca cogerá el ferry

Tenía 17 años y vivía en Melilla. Mendigaba en la calle junto a otros menores fugados del centro de acogida. “Buscar la vida, amigo”; ese era su día a día y así fue como tropezó con la muerte.3 comentarios

(Derecha) Oussa Fassi en en imagen antigua. (Izquierda) Los buzos sacan el cadáver de Fassi del las aguas del puerto de Melilla.
(Izquierda) Oussa Fassi en en imagen antigua. (Derecha) Los buzos sacan el cadáver de Fassi del las aguas del puerto de Melilla.


MADRID.- Conocí a Oussa Fassi ─así se llamaba en Facebook, tal y como escribió en mi antebrazo hace pocos meses─ en la puerta del CETI de Melilla. Me dijo que tenía 17 años; y le creí. Su preocupación por el corte de pelo, estilo mohicano, así lo atestiguaba. Era marroquí, de Fez; aunque llevaba varios años en España. Mejor dicho, en Melilla, esa burbuja del tiempo que aún persiste en el norte de África, donde el modernismo catalán convive con las casas estilo colonial y con las barriadas de pobres musulmanes donde germina el yihadismo de entre la miseria que sólo se palia con la venta de drogas y algún que otro robo.

No era el hogar del joven Fassi. Él vivía en el puerto, como decenas de menores que, sin recursos ni familia en su país, decidieron jugársela y cruzar un estúpido paso fronterizo que los españoles consideramos nuestro sólo porque un rey medieval puso allí una pica. Vivía hasta hace cinco días. Una foto suya junto a la de unos buzos sacando del agua un cadáver envuelto en plásticos me ha dado las buenas noches a través del Facebook de José Palazón.

La primera vez que vi a Oussa, deambulando entre subsaharianos y refugiados sirios y kurdos, con una sonrisa de oreja a oreja, entendí que era mayor que yo. Me miró a los ojos, bajó la vista hasta mi cámara réflex e intuyó lo propio: un periodista español o, en cualquier caso, europeo anda por aquí buscando una buena fotografía.

Un hogar en el puerto
"Eh amigo, un euro por un retrato", me dijo. Le consté que ésa no era mi forma de trabajar. Meneó la cabeza pero no se marchó. Le tendí la mano y me la estrechó. Estaba sucia y era áspera; consecuencia de trepar cada día una valla de hierro oxidado que el Gobierno de Melilla ha colocado para impedir inútilmente que los "menores no acompañados" ─eufemismo de la neolengua para definir a los chavales inmigrantes que deambulan mendigando por las calles─ no puedan llegar a lo que diariamente es su dormitorio, las rocas del puerto. En el caso de Oussa sí ha servido. Un resbalón en su salto a casa, al parecer, hizo que diera con sus huesos en las rocas y, después, en el agua.
"Vivo en la calle, de aquí para allá. Buscar la vida, amigo " Fue así como encontró la muerte
"Soy Oussa", me dijo. "¿España?", preguntó. Le contesté que sí, que estaba allí haciendo un reportaje de la valla fronteriza tan de moda en los medios cuando cientos de negros que no le importan a nadie hacen que se tambalee. Le pregunté qué hacía allí y donde vivía, y su respuesta vino acompañada de un rostro inexpresivo, secuela del pegamento que inhala con sus colegas para matar el tiempo: "Vivo en la calle, de aquí para allá. Buscar la vida, amigo". Fue así como encontró la muerte.
Oussa Fassi en la puerta del CETI de Melilla, en mazo de 2015. -JAIRO VARGAS

Ante mi negativa a pagarle un posado que otros compran sin tapujos me pidió mi teléfono. "A quién quieres llamar", pregunté. "Sara. La quiero mucho. Es china". No me fiaba del todo. ¿Cómo iba a dejarle mi smartphone a un inmigrante marroquí, curtido en la supervivencia y rodeado de una pandilla de niños, mayores a la fuerza, que te miran mientras comentan con sus colegas vete tú a saber qué forma de liársela a un españolito?. "Dame el número y yo la llamo", propongo. Ousa se curva hacia sus pies, abre el velcro de su deportiva izquierda y saca un pedacito de papel en el que figura un número. Llamo pero nadie responde. "No contesta, tío", le digo. Se encoge de hombros y masculla algo así como "es buena gente, es mi hermana". Minutos después suena el teléfono. Era Sara que devolvía la llamada. Contesto diciendo que un amigo suyo me ha pedido el teléfono para hablar con ella, que espere mientras lo busco. "¡Oussa! ¡Es Sara!", grito.

El chaval se ha perdido entre la multitud que pasa el día en la carretera que parte en dos un campo de golf, pero enseguida aparece a la carrera, coge el móvil, se gira y da algunos pasos. Le sigo de cerca, no vaya a ser que se vaya con mi teléfono tan rápido como ha venido. Al fin y al cabo, no le conozco de nada y lo poco que sé de él me hace desconfiar. Pero el chico no corre. Una risa bobalicona se dibuja en su cara. Ha quedado con ella después de cenar, por el centro; no hay una hora fija. Cuelga y me devuelve el móvil. Le pregunto si es su novia y se la escapa una carcajada. Al parecer es una chica que de vez en cuando le lleva algo de comida. "Buscar la vida, amigo", repite.

Le pregunto cómo ha llegado hasta Melilla, cómo ha cruzado la frontera. La respuesta es más fácil de lo que imaginaba: "Corriendo rápido". Así cruzó el paso fronterizo de Beni Ensar. Si se corre lo suficiente en el momento apropiado, ni la Policía marroquí ni la española reaccionan a tiempo. La Policía no le gusta nada. Odia a la marroquí porque escarmienta a hostias a los niños que, como él, no tienen nada; sin detenciones ni multas. Y detesta a la española porque pega menos, pero no le tiembla el pulso para meterlos en una furgoneta con destino a dependencias de los agentes alauitas, ignorando la legislación internacional que obliga a los Estados a dar asilo a los menores no acompañados. Podría no creerle, pero en cuatro días en Melilla vi esa operación por triplicado. El Ministerio del Interior nunca lo reconocerá, pero en la ciudad autónoma es el pan de cada día.
A veces, los agentes se escudan en que los menores se escapan del centro de acogida. En Melilla hay dos; pero el de carácter público está saturado. Se llama el Fuerte de la Purísima, pero Oussa lo abrevia. "De la Purísima me escapé", reconoce el joven. Prefería vivir en la calle que un centro saturado que acoge a 220 menores y tiene capacidad para tan solo 180. Además no hablaba bien de su director ni de otro señor que no era nadie pero parecía mandar mucho de puertas adentro. A veces había golpes, palizas y hasta se han denunciado abusos sexuales. "La Purísima muy mal, prefiero la calle", dice con las manos metidas en el bolsillo de su chándal Nike.
Oussa prefería vivir en la calle que en un centro de acogida saturado en el que se han denunciado malos tratos y abusos sexuales
En Melilla sobrevivía, pero Oussa quería vivir. Tanto empeño puso que al final murió en el intento. Su plan, como el de muchos otros, era colarse en un ferry, ser un polizón que desembarca en Málaga y, de ahí, seguir adelante hasta tener un trabajo. "¿No tienes familia en Marruecos?", pregunto. "Marruecos muy pobre, allí no familia", contesta. Su castellano le impide explicar si es huérfano, si su familia era tan miserable como para no guardar en su zapatilla el número de teléfono de su casa o si simplemente se escapó. Allí hay de todo.

Me vuelve a pedir un euro. Le doy todo lo que llevo encima; una moneda de dos euros y algunos céntimos. Me da las gracias y ya no soy su amigo. Ahora soy su hermano. También le doy un cigarro y reparto algunos más entre sus cinco amigos de vida callejera. Todos fuman y ríen. Me hace escribir mi número de teléfono en un trozo de papel que se guarda en la zapatilla derecha. "Eh, saca una foto a todos", me pide. Les coloco con el CETI de fondo. Se abrazan y sonríen y, a falta de más papel, me escriben sus cuentas de Facebook en el dorso del brazo para poder retener ese recuerdo. Quién sabe si es la última vez que están todos juntos.

Hoy, tres meses después del efímero encuentro, sus cuentas de Facebook albergan la misma fotografía. Oussa, sentado en las escaleras de una casa, vistiendo una camiseta azul sin mangas y unos pantalones cortos de un rojo gastado. No sonríe; cariacontecido mira a la cámara. Sobre la imagen, un emoticono de llanto acompaña a la frase "لن ننساك", que según el traductor de Google significa "Nosotros no olvidaremos". Hasta ahora, la única necrológica de Oussa era una teletipo titulado “Un menor aspirante a polizón muere al caer entre las rocas del puerto”. Oussa no era una aspirante a polizón, era sólo un niño que creció muy rápido. De hecho, ya nunca cogerá ere ferry. Ni con billete ni al asalto.

http://www.publico.es/sociedad/oussa-polizon-del-puerto-cogera.html

lunes, 19 de enero de 2015

EN TIERRA HOSTIL - EL COLTÁN

Hace unos días dieron en Antena 3 un reportaje sobre el impactante incumplimiento de los Derechos Humanos que en la República Democrática del Congo están sucediendo.

Os invito a verlo y dejo una noticia del año pasado donde hablan un poco de ello.

Verdaderamente indignante.

http://www.atresplayer.com/television/programas/en-tierra-hostil/temporada-1/capitulo-1-negocio-coltn-congo_2015011200357.html
EN TIERRA HOSTIL - PROGRAMA 1 - EL CONGO

'En Tierra Hostil' se adentra en una mina de coltán

En Tierra Hostil tras dos intentos conseguimos acceder al corazón de las minas de coltán donde encuentran a muchos jóvenes con sacos cargados con el mineral en la cabeza. Víctor nos confiesa que el jefe de las minas antes era peligroso pero ahora trabaja junto al gobierno.  El equipo tiene que reunir todo el dinero en efectivo para poder acceder a las minas.

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FUNDAMENTAL EN LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS 

Coltán: el mineral de la guerra


El Coltán es un mineral muy escaso que sólo se encuentra en unas cuantas zonas de nuestro planeta, como Tailandia ( 5%), Brasil 5(%), Australia (10%) y Africa Central (80%, la mayor parte en la República del Congo).
Este mineral está formado por la combinación de dos elementos, ambos raros, llamados Columbio y Tantalio, y es componente fundamental de gran cantidad de aparatos e instrumentos de las llamadas nuevas tecnologías, como los móviles, las pantallas de plasma, los Gps, las videoconsolas, los Mp3 y Mp4, las cámaras de fotos y los juguetes electrónicos.
También requieren Coltán algunas estructuras tan importantes como los cohetes espaciales, las armas teledirigidas y los satélites artificiales.

República del Congo: riqueza, pobreza y guerra

Esta impresionante fuente de riqueza se extrae del suelo congoleño en minería a cielo abierto o por medio de la excavación de galrías y cuevas superficiales. En teoría debería ser una bendición económica para un país con una superficie de 2'34 millones de kilómetros cuadrados (5'5 veces España) y una esperanza de vida tan sólo de 47 años, pero lamentablemente no es así. ¿Qué ocurre con el Coltán en la República del Congo?

Esclavos por este nuevo "oro negro"

Mientras las mafias internacionales y los contrabandistas se enriquecen, los mineros congoleños trabajan en condiciones de verdadera esclavitud y vigilados por fuerzas paramilitares. Miles de niños trabajan en las minas y en consecuencia abandonan la escuela y los estudios.
Por término medio un trabajador congoleño cobra 10 dólares mensuales en otros trabajos mientras en las minas, obteniendo un kilo de coltán al día, puede llegar a los 50 dólares semanales. El mineral puede alcanzarel precio de 500 dólares por kilo, así que las cuentas están claras: no es rentable trabajar en agricultura y ganadería, lo que conduce al abandono de las tierras de cultivo y de los animales domésticos.

Las guerras del coltán

Los ingentes beneficios de la explotación del coltán provocan algunas de las numerosas guerras fronterizas que son tan frecuentes en el continente africano y que por lo general pasan inadvertidas en Europa. Más de sesenta simultáneas se han llegado a contabilizar mientras algunas organizaciones pacifistas de los países desarrollados ni siquiera parecían enterarse. Los misioneros sí conocen bien la magnitud del desastre.
Estos conflictos suelen provocar grandes desplazamientos de población, con las consiguientes consecuencias: hambrunas, enfermedades y violencia. Realmente sale muy caro el mineral, esa "escoria negruzca", recurso estratégico de las nuevas tecnologías.
El abandono de las tierras de cultivo para concentrarse la población en la minería de coltán acarrea desastrosas consecuencias ecológicas y económicas.
En algunas zonas llega a faltar el abastecimiento de productos básicos, mientras en otras, la invasión de tierras vírgenes provoca grandes daños para la fauna salvaje. Estos verdaderos santuarios de la humanidad pierden sus posibilidades de desarrollarse por la vía del turismo, como ha demostrado brillantemente el ejemplo de Kenya.
Los refugiados, sin hogar ni tierras, son otra de las consecuencias de estos grandes desplazamientos poblacionales. La acción constante de las guerrillas sobre la población indefensa es habitual, y poco o nada pueden hacer las fuerzas de pacificación internacionales. El coltán, que debería ser una bendición para la República del Congo, dista mucho en la realidad de ello.

Extrañas cuentas sobre el mineral

Algunos países fronterizos con el Congo, que no tienen coltán, hacen figurar este mineral en sus cuentas de beneficios anuales. Se trata de un coltán "apropiado", por decirlo de manera benevolente. Las invasiones pulsantes de las guerrillas financiadas por las mafias explican estas posesiones del recurso que costado muchas muertes entre la población.
Para decirlo claramente, hay un gran negocio de contrabando de coltán que implica a Ruanda, Uganda y Burundi.

Los otros masacrados

El santuario de los gorilas de montaña de los volcanes Virunga se encuentra en tierras fronterizas afectadas plenamente pr la "guerra del coltán", y suele ser invadido periódicamente por las guerrillas que avanzan o retroceden en función de los avatares de las contiendas. Los científicos se ven obligados a escapar a toda prisa, y cuando pueden volver suelen encontrar diezmadas a las familias de gorilas que estaban estudiando.
La población de gorilas de montaña se ha reducido en un 90% en las zonas afectadas por la actuación de las guerrillas, la de elefantes lo ha hecho en un 80%. Una verdadera destrucción masiva que acabará a corto plazo con la gran fauna centroafricana.

La sociedad del despilfarro

Mientras todo esto sucede en el corazón de África, en el mundo desarrollado parece que no se tiene en cuenta algo tan fundamental como esto: muchos de los ingenios de nuevas tecnologías se basan en recursos muy escasos como el coltán y otros minerales y elementos raros. ¿Hasta dónde puede consumirlos la sociedad del despilfarro?
¿Podemos abandonar o tirar tranquilamente un móvil u otro aparato similar, sin pensar en la necesidad imperiosa de reciclarlo?
Quienes reciclan sus teléfonos, sus ordenadores, sus televisores o sus electrodomésticos en general, son ciudadanos especialmente motivados, sin duda ejemplares, pero lo que hoy es un hábito saludable y solidario será muy pronto una necesidad inexcusable.
De seguir el consumo al ritmo actual no habrá suficiente coltán, ni litio, ni bastantes "tierras raras" para atender la demanda de nuevas tecnologías, y algunos tendrían muy dificil a estas alturas prescindir de ellas. ¿Se imaginan carecer de móviles y tener que ir a la centralita para poner una conferencia?
En tiempos de la explosión ecologista de los años ochenta no cabe duda de que se plantearon numerosas fórmulas de imposible cumplimiento, pero recordemos aquella "regla de las tres erres" que se formulaba como principio fundamental: reduce, recupera, recicla. Lejos de haber perdido actualidad, por el contrario la contemplamos hoy como norma inexcusable de conducta ciudadana.
Miguel del Pino Luengo es Biólogo y Catedrático de Ciencias Naturales.

martes, 13 de enero de 2015

Aprovecharse de la desesperación


Oferta de trabajo: 9 horas al día, de lunes a domingo, sin vacaciones y por 500 euros al mes







Una ciudadana de Jerez publica en las redes sociales las "vergonzosas" condiciones de empleo propuestas por una panadería

  • Cuando esta ciudadana de Jerez de la Frontera recibió la llamada de una panadería para ofrecerle un puesto de trabajo, jamás se hubiera imaginado que las condiciones del mismo rozaran la "semiesclavitud". 9 horas al día, de lunes a domingo, sin vacaciones y por 500 euros al mes era la propuesta que le lanzó el responsable del negocio, según informa el ideal.es.

  • La jerezana quiso mostrar su indignación en las redes sociales. Según su testimonio, en la panadería le aseguraron que, de ponerse enferma, le descontarían el sueldo de los días no trabajados, y que, de hacer demasiado pan o dulces que no fueran comprados, también le descontarían el gasto del material utilizado.

  • De acuerdo con varias fuentes sindicales de Jerez de la Frontera, esta situación no es atípica, ya que "son cientos las empresas que se están aprovechando de la desesperación de los empleados para ofrecer cientos de contratos basura". Y es que, en una localidad donde la mitad de los parados no recibe ningún tipo de prestación social, hay numerosas personas que buscan cualquier tipo de trabajo para agarrarse a él, sean cuales sean las condiciones."15 días de prueba sin cobrar"

  • Además, los representantes sindicales denuncian los "contratos de prueba" a los que también aludía la ciudadana jerezana en su mensaje de Facebook: "Quince días de prueba sin asegurar y sin cobrar". Al parecer, esta práctica, muy generalizada hoy día, permite a menudo hacer que la gente trabaje gratis unos días antes de dejarlo, por las deplorables condiciones laborales, sin cobrar ni un euro.

jueves, 8 de enero de 2015

ARTÍCULO INTERESANTE de Igor Irigoyen. AVANZANDO EN NUESTRO COMPROMISO POR EL REINO

Avanzando en nuestro compromiso por el Reino 
Equipo del Ministerio de la Transformación Social 

“…y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Pero no por obligación, no como un peso que nos desgasta, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos otorga identidad.” (Francisco, Evangelii gaudium, 269). 



En la asamblea de la Fraternidad de Itaka de octubre de 2013 fue aprobada, como uno de los diez puntos a trabajar especialmente este curso, una propuesta relativa a propiciar pasos de avance en el compromiso de los miembros de la Fraternidad.



Desde el Ministerio de la Transformación Social presentamos este material como herramienta de reflexión personal y comunitaria, que nos sirva para impulsar nuestro compromiso en la línea del objetivo marcado. Tras él, se incluyen varios testimonios de voluntariado de algunos hermanos y hermanas de la Fraternidad. 



El compromiso como rasgo de nuestra vocación común En nuestra Fraternidad Escolapia unos de los elementos que consideramos básicos dentro de la vocación común es llevar adelante algún compromiso.  Así queda recogido este punto en los documentos actuales de la Fraternidad, dentro de los criterios de permanencia: 



“Desarrollar algún compromiso en favor de la educación, evangelización y/o transformación social, especialmente con las personas más necesitadas.” 

El compromiso, junto con los otros rasgos de la vocación común (la oración, la formación, el estilo de vida, la participación y el compartir comunitarios…), son elementos en los que hemos de revisarnos de forma permanente, incluso manteniendo una cierta tensión para progresar y no estancarnos en ellos. 
Y todo ello desde la pequeña comunidad, que es un espacio insustituible para el diálogo, el contraste y la exigencia desde el amor. 
Una comunidad cristiana que plantea el compromiso como de uno de los elementos centrales de su identidad debe saber acompañar, escuchar, proponer y exigir a sus miembros en relación a este aspecto que consideramos tan importante dentro del seguimiento de Jesús.  


Creer es comprometerse Una dimensión esencial de la fe cristiana es la del compromiso y el servicio a los demás, puesto que estos son para la persona creyente rostro de Dios en el aquí y ahora. Ya desde el Antiguo Testamento se afirma que quien de verdad conoce a Dios es aquel que practica la justicia con los pobres y los indigentes (Jer 22,16). 

Y en el Evangelio, de entre los muchos pasajes que podríamos recordar, nos viene enseguida uno que nos interpela especialmente: el del juicio de las naciones (Mt. 25,31-45): 
“Os aseguro que lo que hayáis hecho a uno solo de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. 
Sean cual fueren las circunstancias de nuestra vida, los cristianos estamos llamados a ser sal y luz para el mundo (Mt. 5,13-16). 



Iniciando la reflexión y el diálogo: 

‐ ¿Qué relevancia tiene para mí que el compromiso sea uno de los rasgos de la vocación común en la Fraternidad? ¿Cómo me interpela, en general, este punto? 
‐ ¿Cuándo fue la última vez que he revisado a fondo este ámbito de mi proyecto personal?  
‐ ¿Hablamos en comunidad sobre nuestros compromisos? ¿Es un ámbito para el contraste y la corrección fraterna, o más bien para informar de lo que hacemos? 

Esta vinculación entre fe y servicio a los demás, elemento nuclear del mensaje de Jesús, ha sido subrayada recientemente por el papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii gaudium, que dedica un apartado expresamente a la relación entre la confesión de la fe y el compromiso social. 
“La aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás” (n. 178). 
Por tanto, el compromiso social no es una opción para los cristianos, sino que se trata de una llamada permanente, un imperativo: comprometerse es intrínseco al discipulado. El compromiso con la realidad sufriente constituye un auténtico lugar teológico donde se nos revela el Misterio de Dios. Así mismo, la vocación y el compromiso son, dentro de un proyecto de vida cristiano, dos elementos que caminan de la mano: el compromiso alcanza su pleno sentido en tanto que es una respuesta a esa llamada personal, esa vocación; a su vez la vocación en sentido cristiano implica necesariamente un compromiso con los demás. 


Pero el reto no es tanto afirmar esto con palabras, sino más bien dar testimonio de ello con nuestra vida. Una vida que va pasando por diferentes etapas y situaciones, en las cuales el compromiso también necesita evolucionar en función de ellas. Teniendo claro, eso sí, que en todos esos momentos vitales y situaciones los cristianos estamos llamados a vivir comprometidamente, concretándose esto en determinadas opciones de servicio a los demás. Como sabemos, la vivencia cristiana del compromiso no es siempre fácil y aparecen obstáculos, personales y sociales. 



Entre ellos, algunas tendencias presentes en el ambiente (y en nosotros mismos) que poseen el efecto de desmovilizarnos, o al menos, frenar nuestro impulso de servicio a los demás. Pensemos en algunas de ellas: 



- La tendencia, tan propia de la cultura postmoderna, de eludir el compromiso, rechazar las ataduras y disponer de mi tiempo para dedicarlo fundamentalmente a mí mismo y a los míos. En definitiva, la invitación a vivir la vida desde un planteamiento individualista, personal o familiar. 



- La tendencia a considerar el compromiso social como prótesis de la persona, disociándolo de la “vida real”. El compromiso no se integra de forma congruente en nuestra vida, sino que en todo caso sería más bien un añadido de la misma. 



- La tendencia a ver el compromiso social como algo pasajero, un “lujo” que se corresponde con cierta etapa de la vida, pero que después ha de quedar inevitablemente relegado frente a otras obligaciones más apremiantes.  Y ojo, porque oponerse a estos frenos que aparecen en el camino del compromiso no supone dejar de reconocer la parte de verdad que pueden encerrar planteamientos como los anteriores:  



- Porque es importante cuidar el tiempo de que disponemos para nuestra vida personal y familiar. 



- Porque resulta inevitable que aparezcan contradicciones y tensiones entre los valores del compromiso social y los que mueven otras facetas de la vida. 



- Porque no en todas las etapas y circunstancias vitales podemos tener el mismo tipo de compromiso, o intensidad en nuestra dedicación a él.  



Para reflexionar y revisar: 

‐ ¿Cómo se concreta en mi vida actual la llamada a vivir desde el compromiso y el servicio a los demás? ¿En qué etapa vital me siento en lo que respecta al compromiso? ¿Qué aspectos positivos y negativos encuentro a este respecto en mi momento vital? 
‐ ¿Qué opinión nos merecen los obstáculos al compromiso que aparecen a nivel social y personal? ¿Qué otros frenos o dificultades se nos ocurren?  

Compromiso y voluntariado, ¿es lo mismo? Aunque a veces utilizamos la palabra compromiso como sinónima de voluntariado, es cierto que no es exactamente así. Como dice Luis Aranguren1, es un error entender que el compromiso es aquello que hago por los demás en un tiempo determinado. 
Sin embargo, este mismo autor es un gran defensor de la necesidad para los cristianos de llevar adelante algún tipo de voluntariado como concreción necesaria de su compromiso social. El compromiso es para los seguidores de Jesús un valor estructurante, que abarca el conjunto de la persona e implica un estilo de vida alternativo: reflexión, austeridad, responsabilidad, el lugar de los pobres en mi vida, el sentido de utopía… 
El voluntariado, por su parte, supone dedicar gratuitamente y de forma regular parte de nuestro tiempo para atender una actividad de servicio a los demás, desde la vinculación con una organización social. Como tal, el voluntariado expresa parte del compromiso cristiano, pero no lo agota.  
Dicho esto, el voluntariado posee tres notas valiosas que hacen que sea algo muy relevante para el compromiso social: 


1. El elemento de gratuidad: a diferencia de otras formas de servicio (como por ejemplo el que realizamos desde nuestro trabajo profesional), es inherente a toda acción voluntaria el realizarse de forma gratuita, sin mediar una compensación por el tiempo y el esfuerzo puestos en la tarea. Este aspecto tiene un gran valor a la hora de expresar que somos don para los demás. 



2. El elemento de participación social: a diferencia del tiempo que la gente de nuestra familia o entorno, el voluntariado permite romper el círculo de “proximidad” y nos pone en contacto con otras personas de nuestra sociedad, a las que en muchos casos no conocemos, pero de cuya situación nos sentimos solidariamente responsables. A menudo es gracias a la acción voluntaria que tenemos un contacto directo con las realidades sufrientes y de exclusión, abriéndonos a una encuentro con una realidad de la que podríamos si no permanecer ajenos. 



3. El elemento de la complementariedad: El voluntariado implica poner nuestras capacidades al servicio de la acción y de la entidad a la que nos vinculamos, sumándolas a las de otras personas y construyendo iniciativas, planes y proyectos conjuntos. Descubrimos que los dones, aptitudes y saberes se complementan entre sí en pos de objetivos comunes, superando el alcance de la propia persona e incluso de la organización con la que colaboramos. Con todo ello, podemos afirmar que el voluntariado es una expresión muy cualificada del compromiso. En el tiempo de voluntariado la persona descubre, estima y verifica los valores que están en la base de su compromiso social. Una forma de plasmar esta idea de forma esquemática podría ser la siguiente: C =/ V (compromiso no es igual al voluntariado); C > V  (compromiso es más que el voluntariado); C<-->V (compromiso implica voluntariado). 

                                                             1 Luis A. Aranguren es autor de varios libros muy interesantes para profundizar en la reflexión sobre el compromiso social y el voluntariado desde una perspectiva cristiana. Uno de ellos, que citamos aquí, es Cartografía del voluntariado (ed. PPC, 2000). 2 Seguimos la reflexión de Jesús Sastre en su libro Repensar el voluntariado social desde la doctrina social de la Iglesia, ed. San Pablo, 2004. 


Sugerencias para reflexionar y compartir: 

‐ El voluntariado es una concreción necesaria del compromiso social. ¿Qué nos parece esta afirmación?  
‐ ¿Cómo se relacionan en mi vida el compromiso, el voluntariado y mi dedicación profesional? 
‐ ¿Cómo veo en mi caso personal las notas de gratuidad, participación social y complementariedad, que se enuncian como propias del voluntariado? Desde nuestra experiencia, ¿cabría añadir algún otro elemento? 


Algunos apuntes sobre el compromiso social de los cristianos Antes de profundizar en una visión del compromiso específicamente a la luz de la fe, conviene afirmar que el compromiso social no es algo que quede al margen de la condición de ciudadanía, ni mucho menos que la suplante o la sustituya. 

Todo lo contrario: a través del compromiso social no huimos, sino que afirmamos  nuestra condición de ciudadanos, convirtiéndola en ciudadanía responsable y activa. 
El compromiso es, por tanto, un espacio de encuentro entre la fe y la ciudadanía. Una dimensión que compartimos con otras personas, creyentes o no, y en la cual la condición de seguidores de Jesús nos lleva a vivirla de forma particular. 
La fe acentúa determinados rasgos de la presencia en la realidad social que, sin ser exclusivos de las personas creyentes, sí deben ser especialmente cuidadas cuando nos comprometemos con dicha realidad desde el Evangelio. 
Para los cristianos, existe una vinculación entre compromiso social y evangelización. Así lo expresa el papa Francisco: 
“Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón. Esas propuestas parciales y desintegradoras sólo llegan a grupos reducidos y no tienen fuerza de amplia penetración, porque mutilan el Evangelio. Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad”. (Evangelii gaudium, 262) 


La fe cristiana confiere al compromiso social una especial mística que le hace trascender a la pura acción. El compromiso nos conecta con determinados valores y dimensiones del Evangelio, como la fraternidad, la pobreza de corazón, la comunicación de bienes, la lógica del don…  Qué duda cabe que, en este contexto, el grupo o la pequeña comunidad son un espacio de referencia fundamental en que se encuentran tres aspectos esenciales de la fe: la experiencia fundante del amor de Dios, la pertenencia eclesial y el compromiso social desde la opción por los pobres. 



Además de esta dimensión espiritual el compromiso social también posee desde la fe una dimensión política, como llamada a transformar a fondo la realidad para construir desde ella el Reino de Dios. 

La Iglesia ha acuñado el término caridad política para referirse a este aspecto: el compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno con especial atención a las necesidades de los más pobres (Católicos en la vida pública, 1986). 
Por eso, sea cual sea la labor concreta en la que nos comprometemos, el cambio de estructuras debe estar siempre en nuestro horizonte: tanto en acciones de incidencia directa en lo político (que, a pesar de todo, sigue siendo un ámbito necesario para el compromiso de los cristianos), bien buscando esa dimensión estructural en todo lo que hagamos. 
El compromiso solidario nos ha de llevar, seguramente, a mantener una colaboración conflictiva con los poderes públicos: cooperando con ellos en la respuesta a los problemas y necesidades sociales, pero a la vez sin dejar de recordar y exigir a las instituciones sus responsabilidades y los ideales que deben alumbrar la vida pública. Los cristianos estamos llamados a cultivar un estilo militante en nuestro compromiso. 
Promovemos un voluntariado exigente, en función de las posibilidades de cada cual, pero lejos de la cultura “light” que a veces encontramos en la sociedad actual. Nuestra apuesta ha de ser por un compromiso voluntario identificado, organizado y estable. Por eso mismo, nos oponemos al “picoteo” en el voluntariado y a entender este desde la mera acumulación de experiencias en beneficio del voluntario. 
Por otra parte, afirmamos que este modo militante de entender el compromiso social no está reñido con la ternura, ni con el cuidado de los demás o de uno mismo. Y es que, lamentablemente, casos ha habido también de un compromiso entendido como militancia total y puro activismo absorbedor de la persona. 
Una forma de vivir el compromiso que, además de empobrecerá, difícilmente resulta sostenible en el tiempo y, probablemente acabará generando lo que se algunos han llamado “fusibles quemados”: personas cansadas, decepcionadas o desgastadas que se terminan perdiendo para el servicio a los demás. 


Finalmente, otro elemento importante para el compromiso es el la formación en todas las fases del mismo. Una formación que entendemos como proceso, un itinerario personal y grupal. El compromiso social requiere que nos formemos de la manera más más completa posible, partiendo de la lectura crítica de la propia realidad en la que actuamos.  
Pistas escolapias para el compromiso y el voluntariado Como miembros de la Fraternidad Escolapia, compartimos el carisma de San Jose de Calasanz. Tal como decimos en nuestros documentos, lo acogemos como un regalo y una propuesta que Dios nos hace para que nuestra identidad cristiana, personal y comunitaria, se afirme y crezca (n. 20).  
Más adelante afirmamos que participar de este regalo junto con los religiosos escolapios supone vivir nuestra identidad desde tres elementos que compartimos con ellos: espiritualidad, misión y vida (n. 22). 
La misión escolapia que compartimos no es otra que la de evangelizar educando para la transformación social y la reforma de la Iglesia (n. 27), caminando hacia la utopía del Reino: 
el ser humano mismo que alcanza su plenitud en su empeño en construir un mundo de hermanos, solidario y justo (n. 42). A partir de aquí, leyendo esta identidad desde nuestra propia diversidad vocacional, lo que define una vivencia “escolapia” del compromiso no es la mediación en la que ese compromiso es realizado, ni siquiera el ámbito de trabajo. 
Lo fundamental es trasladar el carisma escolapio, del que como miembros de la Fraternidad participamos, a nuestro compromiso educativo, evangelizador o de transformación social, a partir de las claves que encontramos en Calasanz y que compartimos con los hermanos y hermanas. 
Con este presupuesto, no hay compromisos fuera de lo escolapio; lo único “no escolapio” es carecer de compromiso. 
El descubrimiento de la dimensión escolapia de nuestro compromiso social es algo que cada persona podemos ir realizando partiendo nuestra propia experiencia, profundizando en nuestra identidad, contrastándolo con la  oración y compartiéndolo fraternalmente en comunidad. 
No obstante, apuntamos algunas de estas claves escolapias sobre el compromiso, a partir de la figura de Calasanz, como pistas que se ofrecen de forma abierta para la reflexión: 


- La fuerza comprometedora de la realidad y del contacto con los excluidos: Dejarse interpelar por la realidad, especialmente por la pobreza y la marginación, y estar abierto a que lo que en ella descubrimos nos cambie la vida. “He encontrado la manera definitiva de servir a Dios, haciendo el bien a los pequeños. No lo dejaré por nada del mundo”.  



- Dios nos habla a través de los pobres: Reconocer a Dios en la persona excluida, sufriente o necesitada. El encuentro con ellos nos revela a Cristo hoy y nos transforma. “Y sintió entonces como una voz que le decía: «Mira, mira». Y se dijo a sí mismo: «Quizá el Señor quiere que yo me haga cargo de estos muchachos»”.  “Él acepta en propia persona todo lo que se hace por los pobres y enfermos” 



- El valor transformador de la educación para la persona y para la sociedad. La educación es una extraordinaria herramienta para el cambio social y una clave construir un mundo más justo. 



Profundizando en nuestro estilo de compromiso: 

‐ ¿Cómo vivo en mi caso la dimensión espiritual del compromiso social? ¿Llevo mi compromiso a la oración personal y comunitaria? ¿Siento que la oración fortalece mi acción?  
‐ ¿Qué significa para mí tiene el estilo militante en el compromiso? ¿Qué dificultades encuentro en la identidad, organización, formación, etc.?  
‐ Recordando mi trayectoria en el compromiso, ¿cómo ha evolucionado mi estilo en ella?  
‐ ¿Me siento en avance en esta dimensión de mi vida? ¿Qué nuevos pasos siento que puedo o debo dar? 

“La reforma de la sociedad consiste en el diligente ejercicio de la enseñanza.” 
“Si desde la infancia los niños son imbuidos diligentemente en la Piedad y en las Letras, ha de preverse, con fundamento, un feliz transcurso de toda su vida.” 


- La opción por los pobres, como absoluta conciencia de su dignidad y sus derechos, como preferidos de Dios. “Los pobres sean siempre, siempre, ayudados con particular diligencia.” “Para los alumnos pobres se fundó nuestro instituto. Y lo que se hace por ellos se hace por Cristo. No se dice otro tanto de los ricos.” 



- La centralidad de la persona –el niño pobre- fundamento de todo lo que hacemos. “En ninguna circunstancia menospreciaremos a los niños pobres; sino que con tenaz paciencia y caridad nos empeñaremos en enriquecerlos de todas las cualidades”. 



- Emprender obras y proyectos desde la sencillez y humildad. “Con los sencillos suele conversar Dios con gusto.” “La santa humildad es la verdadera moneda que circula en la casa de Dios.” "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea Dios". 



- La perseverancia y la paciencia ante los reveses recibidos en la labor, a partir de una confianza en Dios inquebrantable.  

“La virtud está en las cosas difíciles y en la perseverancia.” “Con paciencia superaremos las dificultades.” "Me acusan de cosas que no he hecho, pero yo dejo a Dios mi defensa."       


Reflexionar sobre identidad escolapia y compromiso: 

‐ ¿Cómo vivo la identidad escolapia en mi compromiso? ¿Siento que desde él participo de la misión escolapia, o encuentro alguna dificultad en este sentido? 
‐ ¿Cómo veo en mi caso las claves escolapias sobre el compromiso que se proponen? A partir de lo que conozco de la figura de Calasanz y las Escuelas Pías, ¿se me ocurre alguna otra clave sugerente? 

martes, 16 de diciembre de 2014

Artículo de El Correo de Pablo Pineda, un ejemplo de Samaritano que lucha por los derechos de los "DI-CAPACITADOS"

"Que no nos sobreprotejan, somos personas con opinión sobre la vida"


Pablo Pineda posa en un balcón del centro de Donostia.
Pablo Pineda posa en un balcón del centro de Donostia. / M.FRAILE

  • PABLO PINEDA, Pablo Pineda, Conferenciante y primer licenciado europeo con síndrome de Down, asegura que la gente "no se da cuenta de que queremos y podemos ocupar un lugar en la sociedad"








Pablo Pineda (Málaga, 1974) fue el primer licenciado universitario de Europa con síndrome de Down. Se sacó la carrera de Magisterio y en la actualidad le faltan cuatro asignaturas para terminar Psicopedagogía. No obstante, muchos le recordarán por su papel en la película 'Yo también', por el cual ganó la Concha de Plata como mejor actor en el Festival de Cine de San Sebastián en 2009. No ejerce como profesor "porque la ley no me deja", y su faceta como actor quedó atrás porque ahora tiene "otras cosas más importantes que hacer". Entre ellas, luchar "contra los prejuicios y estereotipos" que la sociedad tiene con respecto a los discapacitados intelectuales. Lo hace a través de conferencias donde comparte su historia de superación para demostrar que se pueden romper las barreras de la discapacidad.
- ¿Es usted buen conferenciante?
- Me gusta estar con la gente, hablar, sensibilizar y contar lo importante que es para nosotros el hecho de tener un trabajo, de poder aportar algo a la sociedad.
- De esto usted sabe mucho.
- Y eso es lo que cuento. Mis distintas facetas profesionales, mi experiencia como actor... Para que se den cuenta de que un síndrome de Down puede trabajar como cualquier otra persona.
- ¿Y por qué la sociedad no se da cuenta de que eso puede ser así?
- Es difícil porque siguen existiendo esos estereotipos, esos prejuicios, esos miedos al diferente en general. No se dan cuenta de que existimos y de que queremos ocupar un hueco en la sociedad. Hay que seguir luchando.
- Usted es un buen ejemplo de que es posible.
- Sí, soy ejemplo de que el que quiere puede. Esto es una cuestión de constancia, no es flor de un día. Hay que ir regándola hasta que la planta de la inclusión vaya creciendo.
- ¿Se están dando pasos?
– Se va cambiando. Solo el interés que han tenido las charlas que he ofrecido en Zumarraga y Olaberria ya me satisface. El hecho de que esas personas me escuchen y se vayan pensando a casa, que lo compartan... Eso es un caldo de cultivo positivo.
- Quizá muchos piensen que su caso es único, que no se puede repetir.
- Cada caso es único. Yo he hecho lo que he escogido. Hay gente que elige otra cosa y es igual de respetable. Lo importante al final es que el síndrome de Down pueda elegir, sea lo más feliz posible y que se desarrolle al máximo. Y eso solo se consigue estimulando, educando y, en el caso de los padres, creyendo y confiando en el hijo.
- ¿Ha sido el apoyo de sus padres lo que más le ha ayudado?
- Sí. Los padres deben tener claro que no nos deben tratar como si fuéramos niños. Que no nos sobreprotejan tanto porque es altamente perjudicial. Nos deben considerar como personas inteligentes, con un criterio y una opinión sobre la vida. Hay que acabar con el excesivo paternalismo.
- ¿Quién pone más límites?
- Todos ponen límites. Los padres, la propia sociedad, los profesores cuando dicen que el niño no puede aprender. Todo eso son barreras que impiden el desarrollo. También en un ámbito tan importante como el afectivo.
- ¿Cómo les afecta este último aspecto?
- Nos afecta y mucho. Cuando eres niño menos, pero cuando llega la adolescencia y sientes la curiosidad por las chicas... Ahí llega un momento en el que la sociedad se rebela contra tus propias necesidades. No se dan cuenta de que tenemos necesidades sexuales o afectivas como cualquier persona. Y los síndrome de Down más porque somos personas muy afectivas, con mucha capacidad para amar y querer. Esas necesidades la gente no las ve, se piensan que somos como un montón de piedras con pelos. Pero somos de carne y hueso, y tenemos corazón. - Buscando en el interior de las personas.- ¿Cómo puede cambiar eso?
- ¿Ha llegado a conectar con alguna persona de esa manera?
- No. Y me gustaría. Yo me fijo en chicas muy especiales, con una sensibilidad grande. Porque, si no, no puede haber nada. Ven la discapacidad con otros ojos y eso es fundamental, que te vean como una persona que te puede conquistar, que te puede enamorar.
- ¿Qué otros retos tiene pendientes?
- Me gustaría ser profesor, pero es complicado porque la ley no te ampara. No permite que una persona con discapacidad intelectual pueda ser funcionarios del Estado. Me encantan los niños y tengo ese don. Me han dejado estudiar durante años y años una carrera para luego no dejarme ejercerla. Creo que es una injusticia grandísima que tenemos que batallar. Porque por una discapacidad psíquica no podemos enseñar a niños. Y también por el miedo de algunos padres que piensan que no somos capaces.
- ¿En qué tipo de sociedad cree que estamos?
- En una muy agresiva. Muy intolerante con el que piensa o siente diferente. Es una sociedad demasiado competitiva y poco reflexiva.
-¿Cuál ha sido el peor momento de su vida?
- Han sido los menos. El peor fue en segundo de BUP. Lo recordaré siempre, igual que los mejores. Los chicos de aquel curso no me hacían caso, me ninguneaban, me sentía impotente y esa sensación era horrible. No saber qué hacer, qué decir, cómo reaccionar. Me lo guardé para mí solo... Estuve tentado de tirar la toalla.
- ¿Qué le llevó a no hacerlo?
- Mi autoestima. Mirar atrás, ver todo lo que había hecho y preguntarme: ¿voy a tirarlo por la borda por una pandilla de mentecatos? De eso nada, yo quiero seguir adelante, haciendo cosas. Y mira por donde, lo he hecho. Ahora esos chicos, que serán cuarentones como yo, se darán cuenta de lo torpes que fueron.
- ¿Y cuál recuerda como el mejor?
- Mejores hay varios. La Concha de Plata fue uno de ellos, sin duda. Además muy inesperado. No te esperas que a una persona que no es actor de oficio le surja una oportunidad de hacer una película, que luego resulte premiada en un festival como el de San Sebastián. Y encima que te nominen como mejor actor y te metan en la terna con Ricardo Darín o Robert Duval, ya te quedas muerto. Fue posible, lo gané. Y encima fui nominado también a los Goya. Fue alucinante.
- ¿Qué ha sido del Pablo Pineda actor?
- Lo he dejado definitivamente. Porque el Pablo actor estuvo bien, pero no es el que yo quiero.
- ¿Y cuál es el que usted quiere?
- Es el Pablo Pineda que está en la zanja. El Pablo concienciador y sensibilizador es el más importante, porque como actor te dan premios y alabanzas, y eso está bien para un momento pero para toda la vida no.
- ¿Usted se ha convertido en un referente para muchos?
- No me ha quedado otra. Pero en realidad no tengo más mérito que otros. Solo el de hacer normal lo que la sociedad todavía no ve como natural.